Cambiar de gestoría da pereza, y por eso mucha gente aguanta años con un servicio que no le sirve. Pero si tu gestoría no te avisa de los plazos, tarda en responder o comete errores, el coste de quedarte es mayor que el de cambiar. Aquí tienes cómo hacerlo bien.
Señales de que toca cambiar
- No te avisan de vencimientos y te enteras de los impuestos a última hora.
- Tardan días en responder a un email o no te asignan un interlocutor fijo.
- Errores en modelos o en tus cuotas, con recargos que pagas tú.
- Solo "presentan papeles": no te asesoran ni te ayudan a planificar.
- Pagas por un servicio que ya no encaja con tu volumen.
El mejor momento
El cambio más limpio es a cierre de trimestre (marzo, junio, septiembre, diciembre) o a fin de año, cuando no hay declaraciones a medias. Dicho esto, se puede cambiar cuando quieras: una buena gestoría se encarga del traspaso sin que pares tu actividad.
Cómo se hace, paso a paso
- Elige la nueva gestoría y confirma servicios y precio.
- Firma la representación a la nueva (para que pueda actuar ante Hacienda y Seguridad Social).
- Pide tu documentación a la anterior: libros, modelos presentados, balances y accesos.
- La nueva gestoría coordina el traspaso y revisa que no falte nada del ejercicio en curso.
- Confirma que las próximas obligaciones ya las lleva la nueva.
Tienes derecho a tu información contable: no te pueden retener tus datos.
Qué pedirle a la nueva gestoría
Un interlocutor fijo, avisos de plazos, asesoramiento real (no solo presentar) y, a poder ser, herramientas digitales para ver tu situación en tiempo real.
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